Es un grave error que la dictadura madurista y la oposición democrática sigan ofreciendo sus platos rutinarios a una población deprimida y desesperada. Sería una tragedia de gravísimas consecuencias que los venezolanos no empecemos este año con una rotunda decisión de cambiar de gobierno para producir soluciones a esta agonía nacional. Pero la dictadura está […]

Es un grave error que la dictadura madurista y la oposición democrática sigan ofreciendo sus platos rutinarios a una población deprimida y desesperada. Sería una tragedia de gravísimas consecuencias que los venezolanos no empecemos este año con una rotunda decisión de cambiar de gobierno para producir soluciones a esta agonía nacional. Pero la dictadura está decidida a perpetuarse con elecciones presidenciales tramposas contra el voto limpio y libre, y se siente reforzada por millones de opositores decididos a no votar a causa de la trampa continuada gubernamental y su manipulación electoral del hambre, la enfermedad y la miseria de la población; también le favorece un liderazgo político que luce ausente de las angustias socioeconómicas, dividido y sin rumbo unitario y contundente.

Para producir los cambios necesitamos un nuevo presidente deseado, aclamado, elegido por voto libre y defendido por la gran mayoría, lo que es imposible sin esperanza y unión. Presidente elegido para liberar las fuerzas productivas, responder a las más graves indigencias económico-sociales, y al mismo tiempo liberar a los presos políticos, los inhabilitados y exiliados, rescatando la Constitución y el respeto a los derechos humanos violados. El madurismo hará toda la manipulación electoral posible para prolongar la presidencia seis años más y lo logrará si continúan las actuales ausencias sociales del liderazgo político, falta de unidad, carencia de rumbo claro y directo y con primarias ideales pero inoportunas. Las oposiciones dispersas y el abstencionismo no entusiasmarán ni vencerán.

Fin de juego. Esto es demasiado grave para que los demócratas lo aceptemos con resignación y desesperanza. No bastan los estallidos de protestas desesperadas, es necesaria una gran insurrección del voto masivo, defendido y celebrado. Para empezar, desde el día siguiente, a producir soluciones económicas, políticas y sociales para todos. La justificada crítica al liderazgo político y la desesperación actual no nos deben llevar a la antipolítica paralizada, ni a esperar la solución de un mesías dictatorial. Lograremos el triunfo democrático si sumamos en todos los frentes: candidato único y excepcional; diálogo y negociación con apoyo internacional para exigir condiciones electorales para la salida democrática y la reconstrucción. Movilización social con presión ciudadana por todas las vías posibles para el fin de la dictadura. Todo combinado. El diálogo y la negociación abiertos en Santo Domingo con acompañamiento internacional y presión democrática son imprescindibles, pues la salida es complicada y en la nueva Venezuela debemos caber todos como ciudadanos responsables y no la imposición de unos contra otros. El fuerte apoyo de los países democráticos es totalmente necesario sabiendo que el régimen se resistirá.

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El actual desaliento, la falta de esperanza y la resignación lleva a muchos a cultivar el pesimismo y pensar que somos incapaces de producir soluciones como ciudadanos responsables en una sociedad plural. Olvidan que entre 1920 y 1980 la economía venezolana con la palanca petrolera, durante más de medio siglo batió todo récord mundial creciendo 7,1% anual, con una pequeña inflación anual de 2,1%. Durante tres décadas fuimos el país que atrajo más migración en proporción al número de sus habitantes; población adulta, trabajadora, que enriqueció mucho al país y formó familia aquí. Se transformó vertiginosamente la infraestructura física del país y la población mejoró en sus ingresos y en los servicios públicos con salud y educación para todos, con gran esperanza de futuro. Se logró una democracia con gobiernos que perdían elecciones y entregaban el poder. No somos ingenuos y sabemos las insuficiencias, deformaciones e injusticias presentes en ese proceso, y sobre todo el reempobrecimiento desde finales de la década de los setenta. Pero ello no debe impedir la comprensión de nuestras capacidades y potencialidades, si hay un gobierno sensato. La Fuerza Armada fue clave en ese proceso, porque entendió su gran misión en la sociedad democrática y también lo será cuando renazca y predomine la conciencia responsable y democrática, como lo exige la Constitución.

La unidad democrática. Los partidos opositores, conscientes de su poca credibilidad en este momento, tienen que nacer de nuevo y buscar de manera excepcional un candidato unitario para la difícil transición de la actual ruina a la transformación productiva. No un candidato antipartido, pero sí claramente no partidista, que levante el ánimo nacional y que inspire el despertar de la esperanza para cambiar la producción, política, económica y social, organizando con la sociedad civil y con los partidos el programa de reconstrucción (que está bastante claro) y barrer la corrupción, la ineptitud y el clientelismo que nos ha traído tanta ruina con un narco-gobierno empeñado en imponer y defender como remedio lo que es causa y agravante de la enfermedad.

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Historias, costumbres y tradiciones del Municipio Alberto Adriani.

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Nativo de Rubio, Félix Vega llegó como confinado político a la aldea de El Vigía en el año 1953, para permanecer en ella hasta su muerte. Durante 61 años que habito en El Vigía, fue un hombre promotor de iniciativas de desarrollo para el municipio. Tiene en su haber, el conformar dos de las Comisiones de mayor importancia del siglo XX en el municipio: la de Pro-Elevación a Municipio en 1954 y la de Pro-Elevación a Distrito (1965)

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