Su infancia y juventud transcurrió en El Vigía, siendo un testigo excepcional de la aldea de los últimos días del ferrocarril y del nacimiento del municipio con el mayor desarrollo y crecimiento del país. En su novela Titolino, J. G. Guerrero Lobo, cuela las vivencias de su infancia y juventud y desarrolla novelísticamente parte de la historia de la ciudad líder del sur del lago de Maracaibo.

Eudes J. Blanco P.*

 

Historiar la vida de José Guerrero Lobo, un hombre nativo de Santa Cruz de Mora, donde nace  el 07 de febrero de 1949, es relativamente fácil, solo hay que leer su novela Titolino, donde se cuelan muchas escenas de su infancia y juventud.

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Llegó en pañales a El Vigía, a las selvas del Bobuqui, a una “casa de madera, con techo de palma real y caña brava construida sobre zancos”, relativamente cercana a la línea férrea en, donde se radicaron sus padres: José Domingo Guerrero Sánchez y Josefa Lobo, dedicados a la actividad agrícola el primero y a la atención del hogar la segunda.

Del seno maternal de su abuela paterna Raimunda Sánchez de Guerrero, conoció las primeras letras, luego en la pequeña escuela de la maestra Josefa Fernández, adquiere la disciplina a la escolaridad que le va permitir desempeñarse satisfactoriamente como estudiante del Grupo Escolar Mauricio Encinoso. De ahí, como muchos jóvenes de principio de los años sesenta del pasado siglo, los tres primeros años de secundaria los cursa en el recién creado liceo Alberto Adriani, para luego irse de la incipiente aldea en busca de nuevos derroteros.

Con apenas catorce años de edad se va para Caracas y compartiendo el trabajo con el estudio culmina su bachillerato en el Liceo Nocturno 05 de Julio. Ingresa en la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela, pero no culmina la carrera.

El Protocolo, su identidad

Inicia una permanente y excelente formación en el campo del protocolo, las relaciones públicas y la gerencia, destacándose, el curso de Ceremonial y Protocolo Eclesiástico en la Santa Sede (Roma); Protocolo y Ceremonial Diplomático en España; Apreciación Literaria, en la Soborna Paris y  Gerencia en el IESA- Indiana.

Toda esta formación le permite ingresar al Ministerio de Relaciones Interiores, durante la primera presidencia de Rafael Caldera, lo que le permitió una experiencia de cuarenta años como servidor público, de los cuales 29 fueron como Director de Protocolo de la Presidencia de la República, Relaciones Públicas del Banco Central de Venezuela, asesor en las alcaldías de Chacao y Baruta y ex – asesor en Protocolo y Ceremonial de las empresas Polar.

Jugó un papel de primer orden en la toma de posesión de los presidentes venezolanos: Rafael Caldera, Carlos Andrés Pérez, Jaime Lusinchi, Luis Herrera Campins, Ramón J. Velázquez y Hugo Chávez Frías y en los extranjeros Jean Beltrán Aristid (Haití) y Violeta de Chamorro (Nicaragua).

Su pericia en el campo del protocolo, la transforma en reflexión en un libro publicado por primera vez en el año 2007: “El ceremonial y el protocolo en Venezuela”, que recopila el origen, evolución y clases del oficio, así como un breve recorrido por la historia de esta disciplina y que es en la actualidad un texto obligado en este campo en sus diversos niveles.

Su aporte: Titolino

Autor de una importante bibliografía. Pero la obra de Guerrero Lobo que está estrechamente vinculada a El Vigía y a su pasado histórico relativamente reciente es la novela Titolino, publicada en el año 2010. Toma como pretexto una deuda moral e intelectual con el poeta popular de la aldea: Titolino (José Tito Lino Molina), nacido en Zea el 19 de septiembre de 1928, para biografiarlo, pero, cuela en el cumplimiento de ese compromiso sus propias vivencias de infancia y juventud y la de una población pequeña y rural.

Lo trascedente del escritor Guerrero Lobo, es que  luego de haber estado ausente en el plano físico, del espacio geográfico de El Vigía durante cincuenta años, crea una obra que resalta lo vigiense en su mejor expresión, mostrando que mantuvo siempre presente en lo más recóndito de su mente y corazón al Tamarindo, al caño Bobuqui y el rio Chama.

Titolino es una novela histórica, en sus capítulos existen referencias simples o detalladas de muchos y hombres y mujeres del municipio Alberto Adriani, acompañadas con notas a pie de página que se constituyen en un libro adicional, en la obra el autor actúa muchas veces como cronista que describe hechos y personajes. Es una novela sobre la vida cotidiana y el ámbito local de El Vigía, donde la Historia y la literatura se entrecruzan, fusionándose la realidad con la ficción

Con la creación de la novela Titolino y otras acciones intelectuales, muestra que es tan o más vigíense, que cualquiera de lo que nacieron o habitan desde hace mucho tiempo esta tierra llana. La afectividad por El Vigía, danza entre las palabras de sus escritos o a través de su maravillosa oralidad, que evoca, que transporta y se transforma en nostalgia.

* Historiador – eudesblanc@gmail.com

 

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Nativo de Rubio, Félix Vega llegó como confinado político a la aldea de El Vigía en el año 1953, para permanecer en ella hasta su muerte. Durante 61 años que habito en El Vigía, fue un hombre promotor de iniciativas de desarrollo para el municipio. Tiene en su haber, el conformar dos de las Comisiones de mayor importancia del siglo XX en el municipio: la de Pro-Elevación a Municipio en 1954 y la de Pro-Elevación a Distrito (1965)

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