Los desajustados anuncios del alto gobierno para “ordenar” la economía nacional, no dejan ver otra cosa que más de lo mismo. O quizás, peor de lo mismo. La política muchas veces complica las cosas. Particularmente, cuando no hay claridad en cómo salir de situaciones ancladas a posturas obtusas. Pero también, a ideologías personalistas apoyadas en la inmediatez y la improvisación que las coyunturas animan. Es cuando afloran tiempos de infamia.

Antonio José Monagas*

Desde que el proyecto político del gobierno venezolano comenzó a “hacer aguas” por la intemperancia de sus propósitos y las inconsistencias de sus directrices que derivaron en improvisaciones convertidas en decisiones, se dieron las condiciones políticas y de fuerza para que tan confundidos lineamientos, además contradictorios, devinieran en un ejercicio brutal del poder. Tan dramática situación, terminó convirtiendo al país en un espantoso escenario donde la anomia se impuso por encima de la concepción del Estado venezolano cuyo ordenamiento jurídico ha sido rebasado por el escamoteo de valores que exaltan el desarrollo de la persona y el respeto a su dignidad.

En otras palabras, el advenimiento de criterios ideológicos adosados al precario concepto de “revolución bolivariana”, sólo sirvió para atender la actitud de gobernantes que, por razones vulgarmente populistas y demagógicas, se desentendieron de las responsabilidades que pauta la Constitución de la República cuando invoca la inminencia de establecer una sociedad democrática en un Estado de justicia, federal y descentralizado que consolide valores de libertad y “asegure (…) el derecho a la igualdad sin discriminación ni subordinación alguna” (Del Preámbulo).

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La incidencia de tanta normativa aprobada en el país a lo largo del tiempo que lleva en el poder el aludido proceso revolucionario, al margen de una necesaria coordinación fundamentada en una separación de poderes capaz de garantizar los principios que caracterizan un Estado democrático y social de Derecho y de Justicia, provocó el caos. O crisis ésta que ahora ha arruinado al país por decisiones que lejos de acuciar el cumplimiento de los derechos y deberes que consagra la Norma Suprema, ha tendido a promover el aislamiento social y el desquicio de la economía. Incluso, la perversidad al interior del aparato administrativo gubernamental la cual se ha servido bastante bien de la impunidad encubierta a través del grosero autoritarismo alcahueteado por el propio régimen.

Los anuncios del alto gobierno para “ordenar” la economía nacional, pronunciados por el presidente de la República o por algún ministro del área, no dejan ver otra cosa que más de lo mismo. O quizás, peor de lo mismo. Y aunque para algunos no hay nada que comentar, dada la majadería que significa una situación caracterizada por el adagio que reza “el mismo musiú pero con distinta cachimba”, a decir por lo reiteradamente anunciado, el gobierno no tiene intención de enmendar los errores. Tan grave problema ha incitado un embrollador control cambiario con exclusivo propósito político. Sin duda alguna que la aplicación del susodicho mecanismo, seguirá apresurando la fuga de capitales, la caída de las frágiles reservas internacionales y la insolente corrupción. El régimen seguirá empeñado en mantener tipos de cambio múltiple lo cual sólo acentuará la discrecionalidad que de nuevo pondrá al descubierto la fracasada estrategia asumida. Y es que en verdad, no hay nada más atravesado para la democracia que la instauración de controles cambiarios.

La carencia de divisas ha agrandado el tamaño del trance que agarrotó al país. Esto quiere decir que el país seguirá estando arrinconado ante necesidades de financiamiento de su desarrollo. Más, cuando se insiste en desconocer al mercado paralelo como mecanismo de auxilio y estimulación toda vez que actúa como compensador “ad hoc” del aporte de divisas. Se tiene pues que este modo de presumir actuar sobre los tinglados de la economía, lejos de despejar gravosas incógnitas, favorecerá su desbocamiento al incitar una demanda infinita en todos los cambios oficiales. Así, el mercado negro que se ha edificado sobre tan patética situación, continuará fungiendo cual válvula de escape a la desconfianza. Y además, se verá cual perverso referente de precios que parecieran no tener límite superior.

Todo esto hace inferir que el modelo de irracionalidad que ha orientado al régimen en sus decisiones económicas, continuará marcando el discurrir del país lo cual, de no aumentar el precio del barril perolero, la pauperización seguramente tenderá a potenciarse al lado de los problemas mayúsculos que han sofocado al país. Particularmente, al advertir que la maquinaria burocrática que dio vida a Cadivi, Cencoex, Sicad, Sitme. Simadi, tanto como a Dipro y al Dicom, hace ver que la creatividad de estos gobernantes está inspirada en algún libreto de novela negra llena de personajes infames, pérfidos e improductivos. Además, descaradamente corruptos. De manera que frente a tan pusilánimes condiciones, el régimen quisiera ver a sus adversarios aplastados entre penurias. O conminados a caminar hacia ningún lado, jalonados por la ruindad y la ignominia. Por todo esto, pareciera que el país se atascó en medio de estos tiempos de infamia.

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¡Con repugnancia!

Los sentimientos mueven las fibras del hombre. Bien por una u otra idea. Sólo que existen sentimientos cuyos efectos suelen marcar condiciones o generar actitudes que fungen como respuestas ante impresiones externas. En tanto que hay otros que incitan la percepción acuciando la conciencia que se tiene de una realidad. Más, si ésta contiene elementos que contradicen expectativas soportadas en valores fundamentales y en razones de ética y moralidad.

Las crudas realidades que vive el país a consecuencia del actual relajo gubernamental, habida cuenta de la descomposición institucional al que ha llevado la desvergüenza de gobernantes enredados en sus propias miserias, han devenido en graves confusiones. Situaciones éstas en las que se superponen objetivos y causas, pretensiones y acciones, lo cual ha puesto al descubierto absurdos criterios de gobierno dominados por la improvisación. Pero también, presididos por la amargura de quienes no pudieron surgir por esfuerzo propio sino valiéndose de escaramuzas para sortear trampeando posiciones de poder.

Estos problemas han tirado a Venezuela por el despeñadero del cual será muy engorroso escapar. Aunque las esperanzas se han afianzado en el alma de quienes creen con fervor en la necesidad de salir de tan profundo atolladero cuyo nivel de despilfarro, corrupción e indolencia se ha matizado con los colores patrios a fuerza de la irrespetuosa interpretación de la Constitución de la República. Así como por el tergiversado uso de la historia nacional para justificar desafueros cometidos en nombre de una caprichosa “revolución bolivariana”. En medio del desbarajuste que ha producido este desgobierno, a fin de justificar sus bárbaros equívocos, el pueblo demócrata vive indignado pues observa las decisiones y ejecutorias del gobierno ¡con repugnancia!

* Profesor titular de la ULA – Doctor en ciencias del desarrollo

antoniomonagas@gmail.com@ajmonagas

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Historias, costumbres y tradiciones del Municipio Alberto Adriani.

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Nativo de Rubio, Félix Vega llegó como confinado político a la aldea de El Vigía en el año 1953, para permanecer en ella hasta su muerte. Durante 61 años que habito en El Vigía, fue un hombre promotor de iniciativas de desarrollo para el municipio. Tiene en su haber, el conformar dos de las Comisiones de mayor importancia del siglo XX en el municipio: la de Pro-Elevación a Municipio en 1954 y la de Pro-Elevación a Distrito (1965)

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